Historias de banqueta


Nancy Méndez C. / Excelsior

22 de Noviembre de 2007

Los caminantes recorren las calles y son vistos por los actores, en la espera de convertirlos en un público cautivo. De pronto, una historia se aparece en el pavimento, las butacas se acomodan en las banquetas, el día y la noche fungen de iluminadores y se agregan los efectos naturales de viento, sol y lluvia. Sin aviso previo, ni telón y mucho menos escenografía alguna, comienza la función del teatro callejero con la propuesta mexicana de Máscara entre sombras.

Es así como estos espectáculos actorales se abren paso y toman el tránsito peatonal nacional y extranjero, volando con sus títeres e idiosincrasia hacia espacios urbanos de diferentes ciudades.

“Hacemos un trabajo multidisciplinario: trabajamos con máscaras, títeres gigantes, cabezudos, personajes en zancos, introdujimos también técnicas de las artes circenses como son el fuego, rappel, lenguaje aéreo. Nuestro objetivo es apropiarnos de los espacios para crear espectáculos que siempre tienen un tono festivo, pues basamos nuestras historias en las fiestas populares mexicanas y en sus personajes”, explicó el productor y director Leonardo Alberto Salas Peralta.

Los trabajos realizados por Máscara entre sombras fueron apoyados por la Secretaría de Cultura y Conaculta, donde también se beneficiaron otros grupos como Teatro y danza ambulante de Nezahualcóyotl y la Banda Tierra del Sol. En ocasiones, estos tres grupos se unen para hacer un mismo proyecto.

Este es el título de la puesta que estuvo en Marsella con una serie de procesiones y que representó el 4 de noviembre pasado al teatro de calle que se hace en México.

“Fue un suceso para nosotros llevarlo a Francia, porque al ser 30 actores se convierte en una compañía grande. Es muy difícil, pero participar en el extranjero representando a México es un honor y una gran responsabilidad muy bonita, que asumimos con mucho orgullo en un espacio de teatro con mucha trayectoria”.

La historia parte de un duelo nombrado El encierro donde hay un hacendado que quiere casar a su hija, pues siente que se le está quedando solterona y es que no es precisamente la doncella más hermosa del lugar, que además mide tres metros.

Para ello, llama a Monseñor El Justo, afamado director de orquesta para que organice una fiesta y lo primero que hace es una gran corrida de toros. Pero hay una sorpresa, la invitada especial de la noche es La Catrina.

“Trata de lo curiosas que son las conductas humanas en el amor y en la guerra. El personaje de La Catrina cambia el devenir de las cosas y le concede la vida al toro y no así al torero, por lo que éste le brinda un tributo al valiente, al torero por su entrega y entusiasmo y pregunta ¿cómo osan disfrutar de la muerte de alguien en este terrible deporte o arte como le llaman algunos? Y en esta parte se habla del placer que el hombre tiene con espectáculos violentos, pero sin perder el humor de la obra”, aseguró Salas Peralta.

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